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Centenario Josep Danés

  • 1923: JOSEP DANÉS TRANSFORMA NÚRIA

    El 15 de agosto de 1923, se ponía la primera piedra del nuevo complejo santuario-hotel de Núria, proyecto del arquitecto del obispado de Urgell Josep Danés y Torras (1891-1955), miembro de la segunda generación de arquitectos novecentista.

     

    Ya desde finales del siglo XIX, además de los pastores, devotos y peregrinos, cada vez más, Núria era visitada por excursionistas, esquiadores, veraneantes y turistas. El obispado de Urgell era consciente de que debían agrandar el santuario y sus hospederías y, por eso, promovió diferentes proyectos. También se afanó por encontrar la manera de facilitar el acceso al Vall de Núria, ya fuera a través de un funicular, carretera o tren de cremallera (la opción escogida).

    • El proyecto neogótico de Calixte Freixa (1883)

      El proyecto de Calixte Freixa condicionó todos los posteriores. La decisión de situar el templo neogótico actual (iniciado en 1883 e inaugurado en 1911) bajo el Roc Malé mirando hacia la entrada del valle supuso una decisión radical: derrumbar el viejo santuario del siglo XVII con el objetivo de crear toda una nueva escenografía arquitectónica y paisajística que se quería coherente con los principios de monumentalidad y simetría.

    • El proyecto urbanizador de Bernat Pejoan y Joan Matabosch (1918)

      En 1918, el obispo Joan Benlloch pidió al Estado la concesión al obispado de los terrenos comunales del entorno del santuario (1 km2), hasta el momento de los vecinos de Queralbs, para ejecutar el nuevo proyecto realizado en 1918 por el arquitecto diocesano Bernat Pejoan y el ingeniero Joan Matabosch. El proyecto preveía una urbanización con una avenida con veintidós chalets y jardines delante del templo actual (que se sustituía por un neorrománico). El cuerpo de ingenieros forestales del Estado denegó su visto bueno al considerar que iba en contra de los “encantos naturales del lugar”.

    • El proyecto de Josep Danés (1923)

      “En el trabajo de campo [Josep Danés] era infatigable. Recuerdo que con mis veinte años se me hacía a mí difícil seguirlo midiendo terrenos muy accidentados por pueblecitos del Pirineo. Me decía que los primeros años de matrimonio y de ejercer iban juntos [con su esposa] a tomar medidas, y a Núria como todavía no había funicular desde Ribes caminando”. (Francesc Rodamilans, delineante)

       

      El nuevo obispo de Urgell, Justí Guitart, encargó en 1922 a Josep Danés un nuevo proyecto; el arquitecto, buen excursionista, apenas hacía cinco años que había acabado la carrera y tenía 31 años. Su primera tarea fue subir a Núria con el taquímetro cargado a lomo de mula por el camino viejo de Queralbs para medir de manera rápida ángulos, distancias y desniveles del espacio para el nuevo complejo.

  • LOS PRIMEROS CROQUIS

    “El arquitecto proyecta con el lápiz, pero también con la goma de borrar” (Josep Danés)

    Los primeros croquis dibujados por Danés a principios del año 1922 eran el resultado de un programa ambicioso definido en colaboración con el obispo y el administrador del santuario, Mn. Antoni Bataller. El nuevo complejo tenía que hacer lo posible para alojar allí a 1.500 personas; preveía un hotel con cocinas, comedores y cafetería; hospederías con celdas; apartamentos con cocinas para familias; residencia para el obispo, sacerdotes y seminaristas; portería, administración y recepción para asignar habitaciones; oficina de información y contratación de guías y caballerías; escritorio, espacio para los carabineros y guardia cívica, forestal y rural; teléfono, telégrafo, servicios médicos y botiquín, barbería, cantinas y víveres; tienda de recuerdos, exposición de joyas y vestidos de la virgen; museo de Núria y del Pirineo; biblioteca pública, herrería y carpintería. Fuera del conjunto, en el Pla de l’Hort, se situaba el matadero, los corrales, establos, cuadras para las caballerías, estancias para los pastores, mozos y jornaleros.

     

    Su modelo era de un gran monasterio con un gran patio o claustro en el punto central del cual se situaba un gran templo neorrománico con dos campanarios, que constituiría el eje de simetría de todo el conjunto y desde donde se articularían entrelazados 6 grandes pabellones compactos que, en días de ventisca y nieve, podrían ser recorridos interiormente sin necesidad de salir fuera. Para un buen aislamiento climático, además de la calefacción central, se optó por la pizarra como material apropiado para impermeabilizar las cubiertas; se proyectaron dobles vidrieras y se escogió un pavimento resistente a los zapatos herrados de los excursionistas. Josep Danés también aplicaría criterios similares al chalet-hotel de la Molina que proyectó para el Centro Excursionista de Cataluña (inaugurado en 1925).

  • LA MIRADA A LOS ALPES

    “Muchas son las bellezas que se admiran en Suiza, en sus montes, en sus valles y en sus ríos... cuando se hayan acabado los proyectos de engrandecimiento de Núria será como trasladar la visión de Suiza a los Pirineos y a poca distancia de Barcelona”. (Bernat Pejoan-Joan Matabosch, 1918)

     

    La inspiración artística no es innata. A través de la consulta de libros, prensa ilustrada, fotografías, postales importadas o sus propios dibujos, fruto de su trabajo de campo en el Pirineo, el arquitecto dispuso de un repertorio de cultura visual lo suficientemente amplio en el cual inspirarse para empezar a hacer los primeros croquis sobre el papel.

     

    En el momento de proyectar, cuatro fueron las principales fuentes de inspiración del arquitecto: la arquitectura tradicional pirenaica (en especial, las lucernas y las troneras de las casas acomodadas del Vall d'Arán), la arquitectura románica, el hospicio suizo del Gran San Bernardo (especialmente conocido a raíz de la proclamación en 1923 de San Bernardo de Aosta como patrón de los montañeros y esquiadores) y los viejos puentes de madera de Lucerna. El hecho de que Suiza y los Alpes fueran una fuente prioritaria tiene que ver con el hecho que fue allá donde se “inventó” el turismo de montaña ya desde finales del siglo XVIII. Desde entonces todas las altas montañas del mundo (también los Pirineos) han sido reinterpretadas desde los filtros alpinos. 

  • CONSTRUIR A 2000 METROS SIN CREMALLERA

    “Estoy muy seguro de que si usted estuviera aquí arriba mandaría interrumpir el trabajo... Da pena ver trabajar en Núria. Ayer a media tarde el termómetro marcaba 5 grados bajo cero... ¿Cómo quieren que toquen el hierro con estas temperaturas? Ramón dice que los dedos se le quedaban dormidos...”. [carta de Mn. Bonaventura Carrera a Josep Danés, 27-X-1929]

     

    “Las mulas, tirando mucho de ellas, podrían subir cada una longitud de 4,50 m y peso 140 kg; rebasar este límite sería una imprudencia y casi es ser demasiado atrevido los límites ya señalados. Aquellos estrechos son muy peligrosos y si las cabezas tocan tiran la mula al río”. [carta del constructor Pere Guillamet a Josep Danés, 2-VI-1928]

     

    Durante los largos inviernos, las obras quedaban paradas. La apuesta por empezar a construir el nuevo santuario-hotel antes de que llegase el tren de cremallera lo condicionaba todo: los materiales no debían exceder un peso determinado o unas medidas determinadas para que pudieran ser trajinadas sin riesgo por una caballería.

  • LOS PABELLONES Y LA LLEGADA DEL TREN CREMALLERA (1931)

    “Ha sucedido que Núria está al alcance de todos y se ha descubierto para muchos un nuevo mundo y vemos médicos que piensan en hacer allí sanatorios, los hoteleros grandes hoteles, los arquitectos y contratistas, construir chalets e incluso se ha pensado en campos de golf...y no falta quien quiere hacerlo todo”. [Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña, 1933]

    A pesar de todas las dificultades económicas y técnicas, las obras fueron avanzando: la casa de San Justino (denominada así en recuerdo del obispo Guitart), se acabó en 1925; la de San Antonio (en recuerdo de Mn. Antoni Bataller, administrador) en 1928; la de San José (en recuerdo del arquitecto Josep Danés) en 1929 y la de San Gil empezó a ser construida en 1930-31. En el año 1928, empezó la construcción del tren de cremallera por parte de la compañía de Ferrocarriles de Montaña a Grandes Pendientes. Con la llegada del tren de cremallera en febrero de 1931, muy pronto los intereses contrapuestos sobre Núria se acentuaron con el riesgo (frustrado) de sacar adelante un segundo proyecto de urbanización que provocó especial malestar de la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña. No siempre fue fácil encontrar un cierto consenso entre los diversos agentes institucionales que intervenían (Ayuntamiento de Queralbs, Generalitat, obispado y FMGP).

  • POSGUERRA: PRAGMATISMO Y REPLANTEAMIENTO

    “Todos los arquitectos somos proyectistas; buenos directores de obra hay menos y buenos administradores no hay ninguno”. (Josep Danés)

    Después de la Guerra Civil, Josep Danés continuará interviniendo en Núria hasta su muerte en 1955. Serán unos años decisivos para explicar la fisonomía actual del santuario, culminada con la construcción del estanque artificial (1956). De manera pragmática y con no pocas dosis de realismo económico, se abandonó ya para siempre el “sueño” que venía de lejos de hacer una gran basílica inspirada en el románico, siempre considerado un estilo más “patrio y nacional” que el gótico. La fachada-campanario neorrománica actual, con grandes y expresionistas sillares de granito, se proyectó en los años 1946-1953 con el objetivo de ocultar la fachada neogótica inacabada, actuando de pantalla. También se abandonaría la idea primigenia de hacer dos pabellones que cerraran todo el conjunto. A cambio, se añadió otra planta a los pabellones construidos, se quitaron las lucernas y se rebozaron las paredes para conseguir un mayor aislamiento. Todo ello daba al conjunto un aire funcional y más moderno, acentuando la abertura de la arquitectura al paisaje.

  • ARQUITECTO, ASESOR Y DISEÑADOR

    “Bajo la batuta del Sr. Danés, todo funcionaba. Los picapedreros, carpinteros, cerrajeros, paletas, trabajaban muy a gusto. A los patrones se lo daba todo masticado: croquis acotadísimos, planos a las escalas más convenientes y, si era necesario, a tamaño natural...”. (Francesc Rodamilans, delineante)

     

    Josep Danés no solo proyectó la arquitectura de Núria, sino que durante sus 32 años de servicio al santuario realizó otras tareas como, por ejemplo, asesorar sobre cómo restaurar la virgen románica, cómo reaprovechar las diferentes partes del antiguo retablo barroco desmontado o elaborar el diseño de una gran diversidad de objetos. De su mano salieron diseños gráficos para promover su proyecto, barandas de forja, lámparas, altares (como el del camarín de la virgen desaparecido, el altar de San Bernardo no realizado), los guardaesquís, carpintería con cristales, diseños para el pavimento con gres de los comedores del hotel, así como su decoración pictórica. Algunos de estos diseños muestran la incorporación de la estética art déco basada más en las formas geométricas y estilizadas que no en las orgánicas, mostrando la influencia de la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París de 1925.

  • NOVECENTISMO Y REGIONALISMO ARQUITECTÓNICOS

    “[el carácter de santuario del lugar] impedía hacer una arquitectura de adornos y tafetanes, que tampoco concordaba con la grandiosidad de la naturaleza, delante de la cual una forma humilde parece bien adecuada, tampoco los medios económicos eran para distraerse en hacer cosas frívolas, sino para concretarse en satisfacer problemas sin fin”. (Josep Danés)

     

    En definitiva, el proyecto de Danés es del todo coherente con el lenguaje del novecentismo y regionalismo arquitectónicos que, a pesar de las formas humildes que se reivindicaban, no renunció a dar monumentalidad al conjunto exterior reinterpretando elementos de la arquitectura tradicional pirenaica desde determinados filtros alpinos y suizos, con una clara voluntad de adaptación y diálogo con el entorno paisajístico. En las estancias interiores se priorizó transmitir la idea de comodidad moderna y elegante con toques art déco

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